Esta es una de las preguntas que con más frecuencia nos
hacemos los seres humanos a lo largo de nuestra vida.
El significado de lo que es la felicidad
para mí, puede ser diferente a lo que es la felicidad para ti, y va variando
con el paso del tiempo. Las personas, las cosas, las situaciones, que me pueden
brindar felicidad a mí, pueden ser distintas a las que le den felicidad a otra
persona, por lo que es difícil pensar que puede existir una definición de
felicidad que sea universalmente válida.
Lo que me pueda hacer feliz hoy, puede ser que dentro de un tiempo, ya
no lo haga, porque pudieron haber cambiado mis valores, mis prioridades o mi
situación de vida.
No obstante que no existe un
criterio único para definir la felicidad, todos podemos coincidir que ser felices,
es la finalidad de la vida humana. Todos andamos en busca de la felicidad y
para obtenerla seguimos distintos caminos.
Podemos entender la felicidad
como un estado de ánimo placentero, positivo y que es enteramente subjetivo.
Una serie de hechos, de cosas, puede hacer feliz a una persona, mientras que
otra persona puede percibirlos de manera diferente. Le pueden parecer intrascendentes
o incluso le pueden generar insatisfacción o incluso frustración.
La felicidad por tanto, es una
condición meramente subjetiva y propia de cada individuo.
El concepto de lo que es la
felicidad siempre ha estado en el centro de la filosofía y fue esencial en el
surgimiento de la ética en la Grecia antigua. Los griegos, se plantearon dos
preguntas esenciales: ¿Qué es la felicidad? y ¿Qué haces felices a los hombres?
Las respuestas dadas a estas
preguntas, dieron lugar a tres escuelas de pensamiento: El eudemonismo, el
estoicismo, y el hedonismo.
Eudemonismo: La felicidad es autorrealizarse. La felicidad consiste
en la adquisición de la excelencia del carácter y de las facultades
intelectivas para lograr un estado de plenitud y armonía del alma. El principal
defensor de esta postura fue Aristóteles
(384 a.c. – 322 a.c.)
“La felicidad consiste en una realización
activa y comprometida de las capacidades innatas del hombre”
Estoicismo: La felicidad consiste en valerse por sí mismo, sin
depender de nada, ni de nadie. Todos llevamos dentro los elementos necesarios
para ser felices y autónomos y para conseguirlo debemos llevar una vida
sencilla y acorde a la naturaleza. Según los estoicos, la verdadera felicidad
solo se puede alcanzar cuando se es ajeno a las comodidades materiales y se lleva
una vida basada en la razón, la virtud y la imperturbabilidad. Escuela seguida
por Antístenes (444 a.c. – 371 a.c.)
“La felicidad completa solo puede
lograrse a través de la autosuficiencia, ya que la independencia es el
verdadero bien, y no las riquezas o la lujuria”
Hedonismo: Ser feliz consiste en experimentar placer intelectual y
físico, y evitar el sufrimiento. La clave de la felicidad radica en evitar los
excesos que al final terminan provocando angustia y dolor. El cultivo del
espíritu debe de estar por encima de los placeres de la carne. Epicuro (341 a.c. – 270 a.c.) fue el
máximo exponente de esta postura.
“La verdadera felicidad consiste
en el dominio del miedo”
Posteriormente, han surgido otras
escuelas filosóficas como el racionalismo que sustenta que la clave de la
felicidad estriba en conocer la realidad, aceptando los sucesos como son y por
consecuencia eso nos hará felices. En
opinión de Spinoza, la felicidad
implica que nos despojemos de las pasiones y que lleguemos a comprender el
mundo que nos rodea, solo de esa manera, es que dejaremos de sentir odio y miedo.
A mediados del siglo XIX, surge en
Estados Unidos, la corriente denominada Nuevo Pensamiento. Para quienes la
felicidad es una actitud mental, es una decisión. Su mensaje principal es que cada
persona da origen a sus experiencias y su visión del mundo, por lo que pone énfasis
en la Actitud Mental Positiva. Algunos
de los defensores de esta postura son Ralph Waldo Emerson, Emmet Fox, Wayne
Dyer. Neville Godard, entre otros.
¿Pero que es realmente
la felicidad?
La felicidad es algo
completamente subjetivo que escapa más allá de definiciones o posturas
filosóficas. Hay tantas definiciones de felicidad como personas hay en el mundo.
La felicidad es el fin último del
hombre, y cada cual la define de acuerdo a sus propios valores, a sus metas, a
sus deseos más íntimos. Ya sea que se la busque o que se le espere, la
felicidad es producto de varios factores, personas o situaciones que influyen
en nuestra vida. La felicidad nunca esta desligada de lo que sucede en el
exterior, aunque nuestra actitud interna es la que determina el significado que
les damos a los hechos externos.
No tenemos la capacidad de
controlar lo que sucede en nuestro entorno, pero si tenemos la capacidad de
determinar la actitud que tenemos hacia lo que sucede.
La felicidad no es eterna, es un
sentimiento cíclico que se combina con otros estados de ánimo a lo largo de
nuestra vida. Ni es eterna, ni depende nunca de los mismos factores. Lo que nos
provoca felicidad cambia con el paso del tiempo.
La felicidad consiste en aprender
a disfrutar lo que sucede en nuestra vida a cada momento. En estar presente en
el aquí y ahora y no dejar que ni los hechos pasados o lo que pueda pasar en el
fututo nos afecte.
La felicidad es una actitud, más
que un lugar al que tengamos que llegar algún día. Los momentos de felicidad,
las personas, las cosas o las situaciones que nos san felicidad siempre serán cambiantes,
siempre llegarán y se irán algún día y solo nosotros nos mantendremos en el
centro de todo lo que nos sucede alrededor. La felicidad es una actitud ante lo
que nos sucede en la vida.

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